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Hacia lo incierto: III Puñales – Mal de Ojo (2020) – Crítica Musical

Por: VICENTE COLLAO

Es una desgracia tener que nuevamente mencionar el maldito año 2020. Todos estamos hartos de tener que leer sobre tal bastardo período, y estamos aún más cansados de que nos digan lo terrible y deprimente que ha sido. Otra vez. Esta vez es por algo bueno, por lo menos. Algo que se nos escapó del radar. Y eso es frustrante en sí mismo, ya que ojalá hubiese comentado sobre el primer trabajo de larga duración de III Puñales en el momento que correspondía.

Sin embargo, esta espera se ha alargado más allá de calendarizaciones y deadlines. “Mal de ojo” es un álbum que merecía un poco más de atención. Pocos meses antes, el EP “La Debacle” se nos cruzó entre las manos y dejó una marca indeleble; por algo fue votación unánime para ser Mejor Disco Alternativo en los Premios Estadodelaescena, y casi que nos rendimos y lo hacemos Mejor EP. Un vaivén de bronces agotados, cajones y susurros fantasmales bajo percusiones hip hop y quiebres continuos, en medio de un espiral descendente. “Mal de ojo” es una extensión de tal esfuerzo, en todos los sentidos que se nos pueden ocurrir.

Pero aseverar que Rodrigo Castro y Leo Salinas sólo se repitieron el plato es una tontera odiosa. De partida, dos nuevos elementos se han incorporado a la agrupación. Mo Orellana y Pablo Padilla, integrantes de Hplxo, han decidido inmiscuirse en la plataforma onírica del sello Puñales. Ya se había mencionado que Hplxo es la influencia directa e indiscutible de este espectro sonoro, pero también dijimos que III Puñales da un paso más en la libertad de sus ensamblajes. La apertura de “Mal de ojo” lo deja claro. Bajo los continuos golpes de un ritmo cavernoso y goteante, la intensidad de un proyectil acercándose a nosotros nos coloca tensos, en tanto el alarido distorsionado de Marifé de Triana nos ataca. Mientras tanto, la canción introductoria Fenomas de Hiperlaxo (“Muerte a los Drones”, 2018) triphopea con vientos nu-jazzeros y guitarras sobrias. No es exactamente lo mismo.

Si “La Debacle” era un círculo directo al abismo de un subconsciente alienado por la crueldad de un Chile recién despertando y una pandemia desoladora, “Mal de ojo” es un álbum casi post-pandémico. Se reflejan los efectos de una continua sensación de claustrofobia, pero la sobrenaturalidad y esquizofrenia de parajes anteriores han sido aplazados por secciones más funky y un llanto onírico. Por supuesto, las meditaciones sobre el 18 de octubre, las ansias de una rebelión que carcome las manos y la negación a quedarse conformes sigue latente en las letras de Puñales. Incluso en las pianolas melancólicas y espacios de “Luna” referencian al campo de batalla estadounidense por la muerte de George Floyd.

Por otro lado, el cuarteto ha sido un poco más clemente con nuestra psique, tal como el tiempo ha reafirmado en donde estamos parados. Hplxo y su modus operandi más colorido se acomodan en la paleta de estos cuarenta y tantos minutos. “Humedal” pudo haber sido modificada y reempaquetada por Luxury Elite. “Juntos I – II”, con la participación especial de Juanita La O (seudónimo de Juanita Moore, dueña de un pop calmo y folklórico), se divide en dos: Una base casi moderna con una idea similar a la de “Humedal”, que da paso a un cruce algo más atmosférico, que a veces roza con shoegaze. Una cosa un tanto Bowery Electric, Soulsavers o Nearly God; tres nombres que permean este elepé en variadas ocasiones.

Hay muchas emociones con las que uno se cruza. En “Sangre” regresan los paisajes negros de angustia y búsqueda de una salida a la presión sistemática, en un vozarrón cuasi rock alternativo, cuasi drum and bass. “Gigantes” nos llena de pavor con el choque nervioso de cucharas y palos mientras el canto gutural mongoliano evoca un aura primitiva, de querer volver a comunidad; abandonar a los gigantes que no se hacen de carne ni de pan. Un odio que corroe como ácido, pero fortalece a la vez.

El quiebre de “Santiago” es honorífico y emotivo: Un homenaje a la ciudad, tras las murallas de nuestra nostalgia y sueños rotos por una temible disolución institucional y sanitaria. De la nada, el corazón nos lagrimea. Esas mismas trompetas que anunciaban muerte y sequía, ahora nos llenan de una felicidad inmensa. Tras los dolores de un pueblo arrebatado, viene una inocente alegría. “Ya no cavaré más mi propia tumba, porque el que hoy escribe, mañana será otro”. La canción emblema del querer salir de casa.

Y, como si fuéramos muñecos de trapo, nos pisotea un terrible horror. Prontamente, daría paso a un momento más autorreferencial. “Minutos” es horror puro tras un ritmo mecánico de góspel. Nos habla de lo mundano. Ese mundano que se transforma en represión de ideas y movimientos; que se transforma en irresponsabilidad y muertos. Ese mundano que, al mismo tiempo, ha dado fuerzas para juntarse y crear música. “Con epidemia o sin epidemia somos humanos y todos con deuda”. Ese es el mensaje de Tres Puñales: aún en ese estado de encierro, de no hacer nada, donde todo parecía bien, llegará el momento de actuar. Porque muchos deben pagar.

Nos podemos ahogar en pequeñeces, como que esa locura que me esperaba no se ha presentado. De hecho, Puñales se ha estandarizado un poco, porque estrictamente a un nivel de mezcla, no me han volado la cabeza. Siento que los pequeños detalles de los que gocé en el EP no han estado a la misma altura: un lanzamiento de corta duración de micro universos, comparado a una pecera más grande pero menos compleja. La dinámica sonora de Puñales, a nivel técnico y estético, siento que no ha conseguido su máxima expresión. Puede ocurrir que el álbum sea demasiado cómodo, arrastrando lo que consiguieron con sus primeros intentos para recrearlos sin adentrarse en terrenos baldíos y desenfrenados.

¿Era estrictamente necesario que llegaran a su mejor creación? Pues no. La grandeza de Castro y compañía yace en el descubrimiento. Una agrupación natural, única en cómo han usado sus elementos clave para congeniar un mensaje exhilarante de crítica y rechazo al status quo, mientras tratan de comprender el cómo han llegado a existir en primer lugar. Casi como una ironía, un error más en los componentes de la condición humana. Si no existiese algo por el que aferrarse, una realidad país tan impotente, ¿existiría una experiencia tan buena como esta? La vida se nos vende como un ascenso plástico a un triunfo insatisfactorio, lleno de imbéciles que han disfrutado de los escalones más altos y continúan escupiendo hacia abajo. Qué bueno que tenemos una banda como III Puñales para acompañarnos en ese viaje directo hacia lo incierto; ese que llamamos “un mundo mejor”.

8/10.

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