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Un hito mayor: JKRNDA – Ágata (2020) – Crítica Musical

Por: JOAQUÍN TORRES

Seré brutalmente honesto: esta reseña es sin dudas mi mayor desafío, pues no estoy tan familiarizado con el estilo musical que maneja el personaje del cual hablaremos hoy. Para estar más sintonizado con todo este ambiente, tuve que darle un par de oídas a otros artistas de synthpop o de hypnagogic pop, pero como realmente no estoy ni ahí con usar esos términos tan técnicos y ortodoxos -dignos de alguien que pretende autodenominarse “melómano” hasta cuando va al baño- nos enfocaremos en lo nuestro, que es la música y sus sentires. Mas esto ya nos marca una barrera antes de escuchar el disco, indicando que puede ser complicado de captar de inmediato para quien no esté familiarizado con su estilo.

Marcelo Galleguillos es quien da vida a JKRNDA. Bajo ese mote ya lanzó hace tres años su EP debut titulado “Misceláneo”, el cual se muestra como un claro precedente en todo sentido al álbum del cual hablaremos hoy, “Ágata“, lanzado bajo el intermitente sello Cazador en octubre del presente año. Justamente, el nombre hace total justicia al contenido del álbum, y la verdad tampoco me hubiese enojado si el nombre del EP se hubiese implantado en el LP… sólo que si hablamos en clave de advertencias, yo habría agregado algunas más.

Apenas apretamos play empieza lo frenético. “Alma de pájaro libre (Muryo no tori no tamashi)” se presenta como un deslumbrante inicio, que con su bajo excesivamente movedizo recubierto de fervientes y brillantes capas de sintetizadores es capaz de dejar pasmado a cualquiera en la primera escucha. Con todo, lo rítmico tampoco se queda atrás en este primer track, aportando profundamente, si bien desde un plano más sombrío, al equino galope de este reflexivo pajarillo, el cual notablemente no está para nada encerrado, o al menos su alma se encuentra en libertad.

A medida que el disco avanza, notamos todavía más esa libertad artística. Prácticamente cualquier canción de “Ágata” podría formar parte del soundtrack de un videojuego japonés, lo que se refleja fielmente en la instrumental “Cada uno a su casa“. Si bien existe un aura muy clara que trasciende absolutamente todos los tracks, ellos brillan por sí solos e incorporan aspectos sumamente interesantes y que aportan de manera exquisita a esta producción.

El superávit de sintetizadores es lo que domina a este disco, con un desborde de capas y colores a veces hostigante, como tomarse un helado extremadamente dulce, tan rico y tan colapsante al mismo tiempo. Empero, se destaca la precisa combinación que JKRNDA hace de ellos, sumergiéndonos vilmente en atmósferas totalmente envolventes y poseedoras de un tinte que podríamos tildarlo casi de reflexivo y, a ratos, relajante. Es en los numerosos temas instrumentales en donde se verifica más aquella descripción, en los que además se da paso a sectores más experimentales, incorporando elementos de percusión en “Intersticio” o guitarras en “Ronda de tiuques“.

Del mismo modo, mediante la descripción otorgada podemos concluir rápidamente que lo predominante del disco refiere al desempeño instrumental. Así, la voz queda totalmente relegada a un segundo plano, partiendo porque hace su aparición únicamente en cinco de diez canciones, y en aquellas está subyugada a una pesada mochila de efectos que la hacen profundamente difusa y constantemente inentendible. En general, aunque quisiera entender las letras a partir de la primera escucha, no se me hace un problema, pues el comportamiento vocal se condice completamente con la propuesta que nos entrega JKRNDA, siendo fiel a un estilo y ejecutándolo de manera formidable, aunque puedo entender si a alguien pueda parecerle un impedimento para disfrutar esta producción de forma satisfactoria.

Quizá en donde menos podemos entender lo cantado por Marcelo es en “Sombras unir“, el único corte de difusión que contiene este LP. Es notable que incluso en aquel tema que debiese ser el más “comercial” o, para que suene más bonito, “accesible” para el público general, el titiretero detrás de este proyecto musical se la juegue por gritar a los cuatro vientos lo que es, y no mostrar ninguna careta. Por más oculta que esté la voz, es imposible negar el notable desempeño que esta tiene en los momentos en que debe aparecer, y cómo esta adquiere un movimiento muy acorde a lo que suena detrás suyo, desenvolviéndose casi como un sintetizador más.

¿Cosas malas que tenga el álbum? a ver… quizá podríamos mencionar el ya exprimido uso vocal que nos obliga a buscar las letras en el Bandcamp de JKRNDA. Agregaría también lo inaccesible que puede resultar “Ágata” para quien no esté acostumbrado a este estilo o a música más experimental, pero eso no necesariamente es un defecto, puesto que también da muestra de la colosal fidelidad de JKRNDA con sí mismo y su propuesta, aspecto en extremo valorable. Probablemente el que a veces se haga un poco latera la última triada de temas sea lo que más le resta puntos al álbum, junto con ese inesperado e inexplicable corte del audio que encontramos casi llegando al final de “Presas de la soledad“.

Definitivamente, “Ágata” se posiciona como uno de los más grandiosos e interesantes discos de este aletargado 2020. Se recomienda escucharlo varias veces y con mucha atención para vivir una mejor experiencia y captarlo de mejor forma. Su preciosa amalgama de elementos que cumplen un rol casi totalmente perfecto, hacen que este sea un viaje muy notable y único. Sencillamente, esta producción se encumbra contundentemente y sin dejar espacio a duda alguna.

9/10.

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