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Excéntrico tormento: Espejo Humeante – Homónimo (2020) – Crítica Musical

Por: VICENTE COLLAO

Esta es una reseña desgraciada. Cuando cometes a un proyecto de análisis musical, te enfrentas a la realidad de cualquier otro medio que se busca hacer conocer: en algún momento u otro, debes comenzar a atender las necesidades de tu target audience. Obviamente, es más fácil digerir y escribir sobre lo comúnmente aceptable. No ir demasiado lejos, no abandonar demasiado el nido. Es la maldición de la convencionalidad. Sino, pierdes visitas.

Suponiendo que me creo el cuento y me trago ese párrafo cínico, debería estar en completo acuerdo con las pretensiones desafiantes de un proyecto como Espejo Humeante, o por lo menos a un nivel superficial. Pero las cosas no son tan cuadradas en la vida. Espejo Humeante no es tan poco ortodoxo y Estadodelaescena, de vez en cuando, se dará estos gustitos más outsider. Pero, ¿estoy de acuerdo con la propuesta que nos toca hoy desmenuzar?

Espejo Humeante es Rodrigo Maturana, presiento fan-profesional del clarinete bajo, y Ervo Pérez, miembro del Colectivo NO. El Colectivo NO en sí mismo es una corriente interesante. Es todo un grupo de músicos jugando una improvisación viviente que apuesta por crear el mayor ruido posible. No sólo en su sentido auditivo, sino también temático, políticamente cargado y muy agresivo. Todo en un plan “ir contra los cánones aceptados de la música”. Como es natural, parte de la experiencia e influencia del trabajo de Ervo se ha visto plasmada en esta producción homónima, no muy larga por cierto.

Como había mencionado, nos encontramos un nocivo aparataje musical que parece ser bastante nervioso y problemático. Sin embargo, ligeramente se dará cuenta que posee una estructura más frecuente de lo que aparenta. Son al menos veinte minutos de Jazz en el letargo del estilo John Coltrane, al menos en su estructura y sin salir mucho de este esquema clásico de improvisación creativa sobre una instrumental. Lo que si llama la atención de inmediato es lo disonante que es la base de sus dos piezas (no incluyo la última por una razón gutural).

Junglelambada tiene este acompañamiento doble de clarinetes, incorporándose más vientos a su debido tiempo, agudos o graves. Sorprende que, de la nada, drumbeats aparezcan en la ensalada, haciéndose pasar por un muy excéntrico bailable de trance minimalista. Para cuando entramos al longevo Antropoflesh, que tiene una atmósfera más tensa y un uso algo hipnótico de sintetizadores a baja frecuencia, comienzan a rasgarse las envestiduras. Éste hace transición a un preocupante solo de clarinete que jugará un poco con la paciencia del consumidor. Este álbum es fácil que provoque un poco de ansiedad, pero en el correcto estado metódico es casi hasta adictivo.

Demora bastante para llegar a un convincente clímax, donde un consistente rayo electrónico retumba en los oídos mientras siguen soplando flautas y clarinetes, esta vez de manera melodiosa, muy en la vena ambient-drone. Es notable lo melancólico que se torna y es una lástima que es la porción más pequeña de esos casi catorce minutos. Ese pequeño arreglo es mágico, y casi hace que haya valido la pena todo el embrollo. No la primera vez, pero sí las siguientes.

Por un lado, es fascinante como se crea un pegajoso ritmo a través del granulado berrido de los clarinetes bajos, que no debiera funcionar a simple vista. Por el otro, esta repetición sí se puede tornar agotadora, e incluso atorrante. En Junglelambada es menos notable debido a los crecientes pequeños aditivos en su duración, pero Antropoflesh se toma demasiado tiempo deambulando por los molestos y similares intercambios. De veras dificulta darle repeticiones. Esto, en un álbum que no es excesivamente largo, desespera.

Tomé una decisión gracias al cuadro final, Estallido. No es excesivamente ruidoso o estremecedor en lo que claramente ustedes saben que trata de emitir. Es, más bien, una de las peores versiones de un comentario social que he tenido el disgusto de oír hasta ahora. La idea central está tan cerca de la nariz que llega a oler nauseabunda. Es un tormento de silbidos, gritos, cánticos, entrevistas y reclamos capturados desde el 18 de Octubre, ensamblados en un collage con los soplidos instrumentales de fondo, casi excusando la existencia de este sencillo. Cierra sus puertas con estruendos de armas usadas por agentes del Estado, supongo tratando de dar un cierre llagoso.

Es un circo expresionista tan pretencioso y predecible que realmente no entiendo en qué diablos estaban pensando. No hay nada creativo o interesante en este trocito de bulla, y se nota que está construida para levantar resquemor. Sí, claro que existe una pretensión artística en esta llamarada pasional, pero tu mensaje no puede comerse la música del todo si se tiene la debida intención de comunicar un statement contundente a través del arte, ni menos de esta forma tan fastidiosa. Lo que se quiere proclamar en Estallido no está mal. Creo en su espíritu, el fondo es correcto, pero el puente me es demasiado simplón para un trabajo que quiere ser parte de la antítesis de la industria. ¿Dónde quedó la sutileza? ¿En el Colectivo NO?

Oh. Es que tampoco hay tacto en el Colectivo NO. Sé su postura, es la corriente del sucio y desmedido arte moderno, a la cara, como las balas de una ametralladora. Y está bien. Pero hay mente y habilidad para crear algo con un poco más de peso que lanzar puteadas a los pacos; exclusivamente hablando del reino que me compete, estos veintisiete minutitos. Con una propuesta algo desalmada pero extrañamente disfrutable de Jazz con pizca atonal, esperaba más que terminar con un disparo de shock barato.

¿O soy muy amargo? Quizá, poco impresionable. ¿Las piezas musicales? Sí, son criticables desde un punto de vista puramente comercial, pero existe el encanto impresionista y una intención artística notable. Lástima que la pequeña suspensión lograda se vaya a la basura con cinco minutos de nada. Quiero más de esto. No me lo arruinen así.

4/10

4

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