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Almagropalooza: la verdadera resurreción del “En Vivo” – Crónica

Por: JOAQUÍN TORRES

  • Nota: Esta crónica vivencial usa elementos cómicos para complementar la información. Lo expuesto en el texto representa la opinión del autor, pero ciertas situaciones han sido exageradas con tal de entretener al lector.

Hace un par de semanas, cada vez que surfeaba por Instagram veía muchísimas historias de amigos y conocidos saliendo a distintos lugares, aprovechando el presente bajón de casos de COVID-19. Yo, acomplejado por motivos académicos y por haber contraído el bicho de moda, los miraba con cierta envidia y recelo, pensando en que pronto se acabaría ese veranito de San Juan. Por suerte no fue así, pues hasta la actualidad esta ola de contagios ha ido a la baja. Aquello dio pie a que algunos decretaran el fin de las tocatas online, cuestión que sabemos que no será así, pero sí es cierto que pequeños espacios físicos se abrirán paulatinamente para devolvernos la experiencia real de la música en vivo. 

El fin de semana pasado se constituyó como uno de esos momentos esperanzadores que nos hacen creer (esperemos que no ilusoriamente) que se acerca el final de esta maldición. Se estima que más de 300 mil personas asistieron, por ejemplo, al Lollapalooza Chicago, una cifra alucinante para el momento mundial que vivimos. Pero hay algo muchísimo mejor: más de setenta personas marcaron asistencia a lo que desde Estadodelaescena hemos bautizado, en un arranque de siutiquería, “Almagropalooza. El Parque Almagro hizo de Parque O’Higgins el viernes 30 de julio y el sábado 31 del mismo mes, siendo el escenario de dos días repletos de presentaciones de diversos artistas del underground chilensis. Eso sí, los cerca de cien espectadores que se reunieron en Santa Isabel con Lord Cochrane no se comparan con los más de 200 mil que iban al evento que se hacía en el ex Parque Cousiño. ¡Qué suerte que a esa manga de rubias con voz ronca y altaneros deformes no les guste La llamada de Héctor o Señora Pop!

La primera jornada fue convocada por Sello Triste con ocasión del lanzamiento de su casa discográfica. La citación era a las 14:30 horas, en exceso temprano para un evento de estas características, aunque debemos tener en cuenta que por regla general las tocatas empiezan mucho tiempo después de la hora acordada. Y así fue, pues, por compromisos políticos, quien escribe llegó poco después de las cinco de la tarde y todavía el espectáculo no empezaba. Así, sin haber almorzado, salí del metro Parque Almagro y busqué alguna cosita para comer, pero la verdad es que el comercio de la salida de la estación está tan poco desarrollado que la mejor opción fue un maní confitado. Esperaba una empanadita jugosa en aceite o, por último, algo envasado que rellenara un poco las entrañas de este humilde servidor.

Fui completamente solo a este primer día de show, lo que me forzó, tácitamente, a sentarme casi de los últimos. Entre tantos piños de jóvenes sumidos en la droga, y otros que tienen como mayor referencia en la vida y en vestuario a sus influencers aesthetic favoritos de TikTok, me sentí un poco extranjero, ciertamente, sólo en un principio, pronto se me pasó. En esta misma línea, la organización me decepcionó ya que yo esperaba un palco especialmente dispuesto para reporteros especializados como yo, el Profesor Rayado, Sindelay y otros tantos genios de las comunicaciones, mas no hubo nada similar. De hecho, ni siquiera vi a quienes mencioné, o a gente de grandes medios, lo que aumentó mi sentimiento de soledad. Pobrecitos, lo que se perdieron…

Como sospechaba, el espectáculo partiría tarde. Sin embargo, quizás fue demasiado tarde, si ni cuando llegué había empezado el mambo. Recién se estaba haciendo una suerte de micrófono abierto para amenizar el ambiente, del cual no logré comprender mucho porque el sonido no era de los mejores. Esto fue algo recurrente durante el festival, aunque se acentuó en el primer día, situación que se comprende al saber que el novel Sello Triste no alcanza la antigüedad ni la popularidad de Gemelo Parásito, por lo tanto, es natural que la inexperiencia los lleve a no tener todo 100% bajo control. De todos modos, estos problemas no mermaron en absoluto al espectáculo. Un detalle que me gustó muchísimo fue la bella ornamentación de la parte del parque que se estaba usando; globos, guirnaldas y demáses hacían más afable el ambiente, al mismo tiempo que mostraba la gran dedicación de los organizadores.

Debe haber sido cerca de las cinco y media cuando la función inició. La encargada de dar el puntapié inicial fue la incipiente Safo999, bajista de Perrogato en su versión solista. Su show, según me permitió ver y oír mi distante posición frente a los artistas, fue bastante más minimalista que lo que oímos en su último EP. Fue preponderante su voz y su guitarra, abandonando los elementos electrónicos que ocupa en sus versiones de estudio. Luego se instaló la batería en lo que podríamos llamar «escenario» y procedió a tocar Tus Pequeñas Muertes. La noche ya caía y la gente se prendió poco a poco con esta actuación. En un momento, mencionaron que harían un cover, procediendo a tocar la mítica intro de Mujeres y cerveza. Emocionado, contacté por videollamada a mis compañeros de labores en EDLE, mostrándole cómo Tus Pequeñas Muertes tocaba la canción mencionada, pero apenas acababan la primera estrofa, cambian repentinamente a Freaks, de Surf Curse, canción del momento. No sé por qué se ha vuelto inusualmente popular en los últimos meses. Como sea, fue un momento de antología.

La noche invernal ya había caído y había poca iluminación. Sólo algunas luces de colores aclaraban el panorama. Ya estaba de pie, aún al fondo, no viendo mucho pero sí disfrutando, cuando Ulises Rima entró a la escena. Apareció en un extraño formato: él sin más que un micrófono; una guitarra, una batería y un teclado, tocado por Beat Sonriente, completaban la formación. Hubo varios gritos por parte de Ulises, en versiones más “duras” de sus canciones ya conocidas, como la clásica “Vieja culiá”. Una vez terminado aquel delirio, apareció Tapsu con un breve show mermado por distintas dificultades técnicas, como el corte repentino de sus bases o el escape del escurridizo cable del micrófono. En eso, Beat Sonriente me hace una gran acotación, que rezaba más o menos así: “vas a decir que la tocata ha sido una mierda porque no se ha usado bajo”. Y sí, efectivamente, hasta el momento sólo Tus Pequeñas Muertes había usado un bajo para su presentación, pero la tocata no estaba ni cerca de ser mala. El ambiente estaba buenísimo y yo, aunque solito y sin conocer a mucha gente, la estaba pasando bien. 

Quizá el mejor espectáculo y ambiente de la velada se dio con Señora Pop. Como bien dice el nombre de la agrupación, tocan pop pero con guitarras eléctricas; no, no como Amarga Marga, más bien son un power pop más distorsionado. Fue una actuación muy enérgica, con mucho acople pulverizador de tímpanos y con excelente recepción del público. Fue, hasta ese instante, el momento de mayor jolgorio entre los asistentes. Obviamente, como ya se había hecho la tónica, la actuación duró menos de lo esperado por el importante atraso existente. Luego aparecería Sonik Nacho, mas en el intertanto varios de los que estábamos entre el público jugamos durante largos minutos al “que no caiga” con un globo. Después se unió más y más gente y un par de globos más. En definitiva, se destrozó la bonita ornamentación del parque por parte de borrachos y drogadictos (?).

Ya eran cerca de las ocho cuando salió Sonik Nacho a la cancha. No alcancé a ver mucho, porque en un par de minutos ya me tenía que devolver a mi cloaca ubicada en las afueras de nuestra amada capital. Noté, eso sí, que se armó algo así como un “mosh” en que varios energúmenos estaban con el cigarro en la mano, poniendo en peligro a la gente alrededor. Eso me motivó a no participar de semejante actividad perniciosa para mi persona y para mi ropa. Como sea, me despedí de algunos de los artífices de esta entretenida jornada y procedí a tomar el metro. Llegué justito a mi hogar para alcanzar a comer una empanada jugosita y sacar agua de la acequia que discurre por la avenida principal de mi comarca.

Para el segundo día, la citación era a las tres de la tarde. Nuevamente por compromisos políticos se me hacía difícil llegar a esa hora. Sin embargo, me desocupé un poco más temprano de la planificación refundacionalista, y pude llegar antes de lo previsto. Esta vez, convencí a mi fiel amigo Piponcio de asistir a este espectáculo demencial. Como me desocupé temprano, pasé a comprar un par de promociones del Doggis® (no, no nos pagan, pero, efectivamente, es necesario acotar que Doggis® tiene el mejor hot dog) en el Mall Imperio® (tampoco nos pagan, pero el nombre del centro comercial es buenísimo), además de hacer reventar mi vejiga furiosamente en el baño de dicho recinto. Tuve que cargar como un imbécil con varias cosas en ambas manos desde Plaza de Armas hasta Parque Almagro, tomando el Metro y viéndome como un tarado, un babieca, un pánfilo. Valió la pena.

Llegamos a eso de las cuatro de la tarde a comer la rica comida del Doggis® a una cuadra del lugar en que se desarrollaría el evento, y digo “desarrollaría” porque, como mi intuición me lo indicaba (¿intuición? Es pura inteligencia), todavía no se iniciaba la reunión pasada más de una hora desde el horario establecido. Esta vez, la convocatoria estaba a cargo de nuestros íntimos y profundos amigos de Gemelo Parásito. Por lo mismo, mientras saboreaba mi completo del Doggis® se abrió ante mis ojos una característica que predominaría durante todo el día: el sentimiento de estar entre famosos del rocanrol. Sentado en una banquita con Pipe, vimos pasar frente a nosotros en reiteradas ocasiones al mismísimo Donato Soto. Adicionalmente, durante la velada vi varias veces a Pelmazo Sad, al igual que el día anterior, en compañía de artistas como Frucola Frappé. Yo me escondí sagazmente, temiendo la golpiza -quizás merecida- que podrían propinarme. Así, uno por uno, se sucedían las celebridades frente a mis ojos. Estaba en Beverly Hills.

Beverly Hills / Rollin’ like a celebrity / (Gimme gimme, gimme gimme) / Livin’ in Beverly Hills / Look at all those lo-fi stars / They’re all so beautiful and clean…

Cuando comenzó el espectáculo nos sentamos atrás, pero no tan atrás. Partió cantando y saltando Hermano Deporte, número que había quedado pendiente del día anterior. Según recuerdo, tocaron con una base ya grabada de fondo, pero igual estuvo piola. Luego apareció Floresalegría, artista que ha dado mucho que hablar últimamente, mas yo la conocía desde hacía una semana y el nombre de su EP me descolocó. De todas formas, me gustó su presentación y Piponcio notó que tocó unos covers en inglés de los cuales yo tampoco tenía idea. Se me acercó Ulises Rima y me saludó, aunque, al mismo tiempo, me advirtió de la presencia del Sr. Sad, quien podría haberme hecho añicos si descubría que yo fui quien mancilló su nombre. Si lo intentaba, tenía todas las de ganar, porque yo no contaba en esta ocasión con el poder melómano-alternativo-experimental de RateYourMusic, proporcionado por consumir críticas de YouTube. En esta jornada tampoco aparecieron nuestros queridos youtubers musicales, parece que están trabajando en una enciclopedia, a lo Diderot. 

La tranquilidad propinada por Floresalegría fue prontamente trizada por Valesivales. Donde otrora estaban todos sentados, poco a poco aparecieron piernas estiradas. Como diría un amigo, fue un show muy «muscular», con un formato de clásico trío guitarra/voz-bajo-batería. Salvo un par de descoordinaciones, la verdad es que estuvo bien bueno el show de esa extraña persona enmascarada. En medio de mis incesantes movimientos de piernas, propios de un gran bailarín neoclásico o de un triste vejete sin control de esfínteres, Perrogato se tomó el escenario. A estas alturas, ya gran parte del público estaba de pie esperando ver a esta prometedora banda. En tanto, yo suplicaba por un baño, el cual, según me indicó Beat Soriente, se encontraba al fondo a la izquierda. Terminada la presentación del oxímoron, partí hacia esa casa que vendía la ocupación de su baño por módicos $300. La fila era eterna, tanto así que avancé apenas uno o dos pasos cuando ya había empezado la presentación de Indenadfin, quien se repitió el plato cual artista antiguo en el Festival de Viña, y no me la iba a perder.

Aquí la cuestión ya se había desatado y no había vuelta atrás. Con Indenadfin dándole la espalda al público, en medio de canciones cortitas y muy frenéticas, todos estaban de pie ya sea bailando, “mosheando” o drogándose. Finalizada la esquizofrenia, realicé mi segundo intento por orinar en el baño establecido. Ocurrió lo mismo que la vez anterior, por lo que me vi forzado a recurrir a un método poco ortodoxo que no describiré por acá, pero que vi usando a muchos famosos. Como sea, La llamada de Héctor ya había empezado. Si mal no recuerdo, Pelmazo Sad entró a cantar en una canción. A su vez, se destaca que siempre que tocan “Piscina” se remecen las almas al son de esos agudos “uhh uhh”. Una vez finalizado el show, la banda exigió la libertad de los presos políticos de la revuelta. Aquel mandato (al que, por cierto, me sumo) recibió una buena ovación, mientras que al final de ella yo procedí a exclamar “BORIC CULIAO”, consigna que al parecer fue recibida con más indiferencia que otra cosa. Sólo un par de seres se dieron vuelta a hacerme gestos de aprobación. Quizá pensaron que tenía algún tipo de daño neurológico irreversible.

Para cerrar mi noche (y no, ciertamente, la noche, porque después tocó Silabario, pero no los pude ver por la misma razón que el día anterior) se desplegaron los mismísimos Fonosida. Ahí sí que se cristalizaron, sin duda alguna, los minutos más extáticos de todo el Almagropalooza. Con una banda de electropop, que llevaba considerable tiempo fuera de los escenarios físicos (los únicos que valen), la gente realmente alucinó, y el salto y el “mosheo” se hicieron ley. Con “Laberinto” todo se descontroló absolutamente, pareciendo como si el virus de mierda no hubiese existido nunca. La entrada del vocalista de Frucola Frappé en “Costanera Center” fue sobremanera épica, y las linternas de los celulares en “Findesemana” me hacían creer que estaba en un concierto de Harry Styles, pero muchísimo mejor. Después del bis, pedido con suma alevosía por la gente, ya llegaba nuestra hora de partir al poniente de la capital, no sin antes comprar un par de stickers de Gemelo Parásito y recibir una confesión de Indenadfin: “si el Colo gana la Libertadores, igual celebro”. Fuertes declaraciones del ídolo azul.

Eran pasado las ocho de la noche y el metro cierra a las nueve, por lo que la impaciencia poseía a los que no vivían cerca de por ahí o no tenían ganas de pagar un auto en su aplicación favorita (o simplemente no tenían plata). Me fui bastante feliz del evento, no porque me iba, sino porque la pasé muy bien en ambos días. Si bien las impuntualidades y los problemas de sonido podrían ser una complicación para quienes no conocen más o menos el ambiente, en mi caso no fue un problema, pues sabía a lo que iba. Obviamente esperaba lo que encontré: un ambiente de fiesta casi generalizado, varios niños indie (mas no [tan] cuicos ni [tan] desagradables) y, en general, buena música con faltas técnicas propias del estilo o el amateurismo. De todos modos, fue una gran experiencia.

Quizá la mejor conclusión que podemos sacar de todo esto, como conversé con algunas personas, es que el uso de un espacio público como el Parque Almagro para este tipo de eventos es sumamente eficaz. El lugar es bonito, con mucha naturaleza, con gente que va desde niños aterrados por el espectáculo demencialmente enajenado hasta gente trotando que no le interesa lo que pasa alrededor y un cuadro que da la impresión de estar respirando aire puro en medio de Santiago. Pero lo más importante es que la fijación de este punto de encuentro ha hecho que, en plena pandemia, aparezcan, intermitentemente, tocatas físicas a la vieja usanza, que revitalizan a cada uno de sus asistentes y lo sacan de la monótona distopía de la limpieza excesiva, las mascarillas y las pantallas. Espero grandemente que pronto estos espectáculos se multipliquen como hongos y, claro, poder asistir, porque fuera de este rol de passalacquas internetianos de la música, también somos personas que la disfrutan muchísimo.

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