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Retornando: Tobías Alcayota – El Triángulo de las Bermudas (2021) – Crítica Musical

Por: VICENTE COLLAO

Imaginen mi sorpresa que, según un artículo sin fecha de la mítica radio MUS, la banda Tobías Alcayota recibiría un tributo musical por parte de otros artistas. No les culpo si ese nombre, tan pintoresco, no les suena ni en pelea de perros. La propuesta de este trío anecdótico siempre ha estado envuelta en misterio y extrañeza. No me refiero a una puesta en escena esquizofrénica, pero la naturaleza de su música los ha llevado a ser un mito: conocido, pero entre pocos.

Con mencionar que la Rolling Stone les entregó el galardón del quincuagésimo mejor disco chileno, debiera ser suficiente como para causar sorpresa en algunos. Los que confíen aún en el ecosistema Rolling Stone, claro. Tal disco es “Omi”, de 1999. Su mezcla de elementos finos y electrónicos, instrumentos relacionados al folclor chileno y un aura purgante de rock progresivo, les sacó de inmediato de cualquier otro marco nacional. Ni Supersordo, ni Yajaira, ni siquiera Sinergia les prende una vela de lo irreverentes que suenan en ese océano cámbrico.

Sin embargo, tras el 2004, ya se habían desbandado. Incluso, se habían comenzado a trastornar. “Sorte, Fantasía de una Enfermedad” tiene un giro de tuerca estilo Aphex Twin y con aires de Orbital, muy minimalista y reseco, donde se notaba una jugarreta de teclados más que una propuesta ambiciosa como “Omi”. Esta afirmación resulta un poco odiosa hoy en día, puesto que es precisamente el principal motor de trama que mantiene el nuevo Tobías Alcayota a flote. Recibimos un “Maleza Bar” con hambre, para encontrarnos con una… sorprendentemente ortodoxa parodia al witch house, utilizando los sonidos anteriormente explorados, pero habiéndose perdido ese borde progresivo.

El Triángulo de las Bermudas” es el último trabajo que ha lanzado T.A., y claramente sigue esta línea sonora de ritmos. Sin embargo, lo que hace este nuevo elepé mejor que el anterior es la exploración de nuevas herramientas, creando atmósferas que el trío no habían entramado en sus instrumentos desde “Algo de noche en la isla”, lanzado el 2002. Eso sí, la permanencia de elementos andinos en su música ahora está relegada a lo estrictamente audible. Las estructuras autóctonas se han difuminado en un aparataje fácilmente confundible con las producciones experimentales de nuestro siglo hipermoderno. Eso no significa que hayan perdido su identidad.

Siguen tan extraños como antes. Al iniciar, nos corroe con polución Horóscopo. Querer ser como zombi no es algo muy sano, y parece ser una crítica a quienes siguen ciegamente esos estipulados. Los vientos fuertes, bizarros soplidos y baterías sintéticas son acompañadas de violines y leads sacados de videojuegos como “Zombies Ate My Neighbors”. El propio tema tiene una referencia a la película “Return of the Living Dead”. Los dos Jorges y Marcelo no tienen ni la vergüenza como para ocultarlo. El gong distorsionado de La Medusa hace apertura de ideas similares, condimentadas con un abrir y cerrar de rejas y rendijas.

Ají Souvenir no sólo marca al álbum como un sin sentido en el aspecto lírico, sino además hace gala de un ritmo pegajoso y atrapante, con una progresión de teclados extraída directamente de Blade Runner. En contraposición, más vientos inquietantes y afónicos. La voz quebrada, ya presente desde hace mucho tiempo, no es un problema aquí: es una textura más. Es la fórmula de la canción synthpop futurista, que invade las radios de YouTube, pero bajo la lente de Tobías Alcayota. En Mundo Cruel, los resonantes chirridos marcan el paso de una repetidora sacada de los remixes de Rob Zombie. El problema de esta canción, y que carcome a otras, es una de las complicaciones de este trabajo: la mezcla. Los drumbeats debiesen ser más pulsantes y vibrantes, pero están notablemente detrás de todo lo demás.

Las molestas vocecillas de duendes cibernéticos son abandonadas en la entrada del Lago Misterioso, donde sucede un quiebre energético lleno de anomalías y partes abstractas, dentro de un torbellino mareante. Hemos entrado al Triángulo de las Bermudas, que está pintado con un color sabroso y que vislumbra gigantes de la música electrónica progresiva de los 70s. Somos atacados continuamente por sintetizadores, al ritmo de un bajo sumamente crujiente. Témpano regresa a los confines del witch house nauseabundo, con un toquecito de glitch hop. Claro, las notas perdidas siguen distrayendo. Clásico del trío. En Oráculo, se trata de crear con fuerza una atmósfera inquietante, pero es rápidamente colapsada por un dron que hace doler los oídos y detalles industriales que no cuajan. Con “Embrujada” me sucede lo mismo; ese sentimiento lúgubre es roto por alguno que otro elemento desconectado, aunque rescato ese solo de viento con todo ímpetu.

Es en Tarka de Neptuno donde se recupera la estamina y se nos dispara sin mucha tregua con una marcha pulsante de maquinarias moviéndose, caballos de fuerza que galopan al mando de un ente infernal. Disonante y estremecedor, y mejor aún, sumamente energético. Augurio termina el trabajo de Tarka, embistiendo contra nosotros una vez más hasta que se disipan los fantasmas. Quedas pensando en El Triángulo de las Bermudas, con un imaginario tenebroso, pero con ganas de jolgorio. Es como meterse en una casa embrujada, que intercala los sustos entre payasos demoníacos del espacio exterior y confeti.

Es una experiencia, que creo no se puede tener todos los días. Pero claro, eso es algo que asumir, considerando lo que este trío ha estado lanzando y tocando desde los años noventa. Tal como llega a picos altísimos en lo estrictamente musical, esta búsqueda de sonidos poco habituales también le ha jugado un tanto mal en algunos aspectos. Además, creo que, con un trabajo de producción y ecualización más grueso y magro, estas sensaciones de leve disgusto se llevarían al límite. No, no es el mismo Tobías Alcayota de “Omi”, pero ese segundo álbum contiene una mitología en sí misma que es muy difícil de superar. Si han querido subirse alguna vez a una montaña rusa con temática de esqueletos piratas, que no asusta a nadie sino cuando menos te lo esperas, échenle un ojo. Les aseguro que es algo especial.

7/10

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