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Polvo en el mar: Jardín Mojado – Encuentros cercanos (2021) – Crítica Musical

Por: VICENTE COLLAO

El mundo mercadotécnico de la música es un panorama algo ingrato. Cuando una banda comienza a envestirse de profesionalismo, el sentido de la imagen comienza a prevalecer por sobre la honestidad. Claro, muchos artistas viven y reviven de sus letras; su imagen es un catalizador, más que un calcetín que se han colocado en el pie derecho. El reflejo vivo de sus personalidades. Pero, a veces, las líneas entre lo genuino y la iconolatría se difuminan, o se vuelven otro empaquetado más para el consumo. Esta es la peor parte de ser músico “de verdad”: el forzar un conjunto de símbolos para compadecer a tu audiencia, una puesta en escena continua.

Me resulta conmovedor que Simón Cárcamo, guitarrista de Humboldt, quisiese presentar su nuevo sonido como una exposición del sonido extraterrestre. Ojo, no digo que esté mal; de alguna manera, es solo su propuesta. Pero es un tanto extraño que se clame tal frase, cuando la musicalidad de su nuevo proyecto, Jardín Mojado, no es precisamente lo más outsider o extravagante que existe. De hecho, es un destilado de muchas de las ideas ya constituidas en géneros que coquetean con los mandatos del space rock, o la música futurista. Insisto, no digo esto con fines odiosos, ya entenderán por qué lo menciono.

Encuentros cercanos es el primer trabajo de larga duración de Simón, hijo del célebre “PirinchoCárcamo, acompañándole Miguel Campos, Luciano Brignardello y Patricio González. Lo que buscan levantar en el imaginario del oyente es una especie de migración sensorial. Si queremos encontrar una base nuclear, es todo lo aprendido a lo largo del desarrollo del rock clásico hacia el segundo álbum de bandas como UFO, donde se desarrolla el space rock. Agreguen a la ecuación los sonidos modernos del indie reconocido -nombrar a Tame Impala basta-, la producción de exponentes de franja media como Yves Tumor, y un sabor tenue al synthpop de Tesla Boy. Oh, y las canciones son más breves.

No es que estemos ante un elepé de synthwave o algo por el estilo. Si tuviese que elegir una agrupación con la que comparar el sonido de Jardín Mojado, en sus estructuras compositivas, se me viene a la mente Tears for Fears. “Fuego en el cielo” se desenvuelve en ese tipo de construcciones, con una presencia de bajo peculiar y murallas de campanas invocadas por la guitarra. Entre triángulos penetrantes, un solo de guitarra rebota en los confines del vacío y diversifica un poco el marco de la canción. Y es donde tengo problemas con la propuesta de Jardín Mojado: donde debiese haber toneladas de capas (para ser más coherente con la propuesta), me encuentro con texturas cómodas y contables con los dedos.

La Montaña” sabe a “Fuego en el cielo”, pero mejor. El bajo se salta entre los espacios en blanco y mantiene un ritmo pegajoso. Mientras, brotes titilantes de luz se deslizan de oído a oído. Y, de la nada, un cambio sustancial en los últimos minutos, con un snippet que parece un trozo sacado de Flower Boy. Por otro lado, “Regreso a Taygeta” es el tema insignia de la conceptualización difusa de la banda. Con un riff que parece una oda a Rush y a “Panic in Detroit” de Bowie, se respira el olor alucinógeno y sideral de las influencias más claras en Encuentros cercanos. Un giro a un paisaje naturalista quiebra la canción que, a pesar de tener los segundos más edulcorados de estos treinta minutos, se siente restringida; podría ser aún más espaciosa y aventurera, pero decide quedarse en las nubes del dream pop.

El álbum tiene una sorpresa que me tomó desprevenido. “Otro Lugar” nos engaña con una bandera de más sintetizadores adormecidos. Es una evolución indudablemente fluida y aplaudible; lástima que sea tan repetitiva. “El tiempo nos espera” tiene tatuadas sus infusiones, donde la voz de Simón cae perfecta. Bajo los estilos que ostenta, el trozo repetitivo de “somos polvo en el mar” queda como anillo al dedo. La voz de Cárcamo, por más adornada que se encuentra con reverberaciones, no es ni muy variada, ni excesivamente expresiva. Esto me ha generado un efecto de hostigamiento que, si bien no es tan grave como en otros proyectos, se nota harto.

De hecho, los momentos en que el disco es más ortodoxo, es cuando funciona mejor. “Vuelo” nos ataca con guitarras bajo un pedal de flanger, cubriendo todo espacio de la caja musical. El bajo danza, mientras arpegios automatizados hacen gala de su frenesí de colores. El rock progresivo de los setenta irriga las venas de esta tonada. Gracias a este acercamiento más estático, las texturas se pronuncian más. ¡Sólo le faltó ser un poco más larga! El tema de cierre, “Hombre Paloma”, es la más normalilla. Ritmos de batería a velocidad media encajan con los riffs de guitarra cósmicos, energética y motivante. Lo mejor, es que los bajos profundos y el borde de electrónica progresiva despiden al oyente con elegancia.

No es que Jardín Mojado tenga que conformarse con hacer space rock, con pinceladas stoner, y esperar a que lleguen los reconocimientos. Para nada, deberían continuar buscando ese cruce peculiar entre sonidos establecidos y los trucos de producción que invaden el nuevo underground. Tienen algo interesante entre manos y, entre ciertos baches personales, he encontrado canciones con personalidad. Una personalidad que puede separarse aún más del típico ideal indie de dormitorio.

Las ideas del tocar las estrellas, la descolocación del hombre ignorado y el navegar de los pensamientos, los fenómenos cosmológicos. Todos son conceptos que pueden converger en una propuesta sólida, que no se afirme con simples imágenes de OVNI y gente que le gusta ser distinta al resto. Cárcamo ha presenciado -supuestamente- sucesos de corte alienígena. Estoy seguro de que puede ser más que un observador del pasado.

Quienes busquen una experiencia familiar, pero que pueda hacerles sentir ciertas alucinaciones gravitatorias, les recomiendo Encuentros cercanos. Si nunca han escuchado space rock o música electrónica de los setenta, se los recomiendo aún más – no han sido contaminados por la experimentación, con inspiración en el firmamento. Pudo hacerse más con lo que se tenía a mano, especialmente y considerando la corta duración de este trabajo. Que Cárcamo y compañía sigan en su exploración extra corporal; hay una posibilidad de que edifiquen una obra que expanda sus propios horizontes. Pero, primero, necesitamos un poco más de estrellas en ese cielo.

6/10

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