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No me canso de correr: Estoy Bien – Lo que intentamos hacer (EP) (2020) – Crítica Musical

Por: VICENTE COLLAO

Es muy difícil aparecer con algo nuevo en el mundo del post-hardcore o el midwest emo. Las bases instaladas por genios como Fugazi o Sunny Day Real Estate se han impregnado con tal fortaleza en el imaginario musical contemporáneo que es complejo creer que, al menos que se combine con otra cosa, pueda producirse alguna nueva aproximación hacia un estilo pionero. ¿Es eso una excusa para menospreciar nuevas bandas que beban directamente de estos templos sonoros? Por supuesto que no.

Estoy Bien es una banda que podríamos más o menos ubicar en estos jardines color magenta y violeta, con un lavado de cara indie rock chilensis en estética y puesta en escena. Se hacen llamar Benje, Mati y Pino, con el deseo claro de querer mostrarse como jóvenes sencillos entre un mundo de ambigüedades, angustia y frustraciones. Estas afecciones, apoyadas en un cantar chillón y guitarras deprimidas pero enfurecidas cuando se requiere. Seguramente a varios ya le parpadearon las luces rojas.

Su primer trabajo ha llegado en forma de un EP, soporíferamente llamado “Lo que intentamos hacer“, que da una extraña sensación de confianza en su producto, de reconocer el mérito en su actividad. Sin embargo, también es complicado no esperar conformismo por el “mucho sentir” que quieren entregar; este título refuerza esos miedos. Es una suerte que este cortito de casi quince minutos es disfrutable, y tiene un par de detalles que atraerán a más de alguno a sus garras nostálgicas.

Con cuatro canciones, Estoy Bien no pudo ser más explícito cuando le dieron tal nombre a su intento inicial. Tenemos los elementos que podríamos esperar de un colectivo con tales características: guitarras acopladas en capas de arpegios melancólicos, una batería que enmarca con creces los momentos más sutiles o más energéticos y una voz chillona que nos relata que, efectivamente, son personas con muchos problemas sin resolver. Lo que me ha dado una grata sorpresa es saber que el bajo de Mati, que es inmediatamente mi amigo por ser “amante del papapleto”, tiene una presencia indiscutible en gran parte de los parajes que dibuja este álbum.

“Terror” comienza con el sonido más abrigador que puede conseguirse: un acorde melodramático -la ironía del emo-. La presencia de varios riffs acoplados es interesante, pero más hábil es la mencionada puesta del Mati, mientras Benje entra en el coro con una voz semi rasposa que da un toque repentino de Foo Fighters a lo The Colour and the Shape. Ojalá esa comparación no les haya dado dolor de estómago. El cambio pre-verso, eso sí, es una sección sublime. “Estoy Bien” es una versión remasterizada de su primer single, que hubiese sido mejor esa mezcla más ruidosa y DIY – la mezcla es correcta, pero nada que les vuele las chanclas. La melodía conduce entre lo dulce y lo llorón, con coros producidos en forma que dan un tinte ligeramente onírico. Me da un recuerdo a un rock que sólo puedo describir como un Camping in Alaska más encadenado.

Cuando se disponen a chirriar y apretar los engranajes para soltar ese berrido ponzoñoso funciona perfectamente con los riffs desmoralizados. ¿La voz limpia y desordenada en momentos claros? Mucho menos atrapante, especialmente cuando consideras lo correctas y serviciales de su lírica. He leído comentarios sobre esta banda que implican que se habla sobre el estallido social, pero la verdad son términos bastante generalistas. Si bien “déjame decirte, todavia no me canso de correr” o “no creo que pueda terminar lo que tengo que hacer hoy, mejor mañana” es una línea sublime, lo demás queda como ruido blanco en otro álbum de inadaptados sociales. Una de las razones es porque, precisamente, esas frases son blindadas por el frenesí aliquebrado de sus gritos. “Mejor Mañana” es un excelente ejemplo: las secciones tranquilas parecen accesorias a su estallido.

Con Mis Amigos” es la canción menos cautivadora. Siento que su gran final, una marcha reminiscente a su estilo en la época del 2000, llega demasiado pronto. El cambio a un ritmo más animado es un cambio bienvenido, aunque la voz suena aún más nasal, casi como un personaje de caricatura llorándole al cielo. No es un gallito carismático como The World Is a Beautiful Place & I Am No Longer Afraid to Die, sino una rara falta de energía en el performance en una pieza más enérgica y osada. Ni modo, un cierre modesto.

Dudaba que Estoy Bien sea una banda que sorprenda con creces a la mayoría de melómanos en la red. Para mi sorpresa, varias personas han aprobado su propuesta con rotunda afección, además de un puñado rescatable de tracción. No me incluyo entre ellos, pero eso no significa que sea un conjunto mediocre; son cuatro temas disgustados pero tiernamente pegajosos, que acarician el bichito del emo con un sonido un tanto único. Para muchos, eso es más que suficiente. Me quedo esperando con ansias cual será el siguiente movimiento de este trío. Ojalá no se vayan por la fácil y abracen el indie por completo.

6/10.

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