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Ninguna idea fija: Ases Falsos – Chocadito (2020) – Crítica Musical

Por: JOAQUÍN TORRES

¿Hay que separar al artista de su obra? Yo opino que no, pues el arte emana directamente de la subjetividad de su creador. No obstante, hay que tener presente que el artista pocas veces suele ser un ejemplo de alguna moralidad imperante, y las pocas veces que calza en aquel esquema suele ser una abrumadora careta […]. No busco hacer una comparación, sino más bien dar un ejemplo que pudiese ilustrar poderosamente esta situación. Jorge González hace no más de dieciséis años dijo explícitamente que él se apropiaba de lo que es de su pareja y no veo a ningún seguidor de la música chilena reprochándoselo, lo cual no es menor sabiendo lo violento que él era. Esto nos dice dos cosas claras: primero, la música funciona como un método de expresión para esas cosas tan profundas que se esconden dentro de uno; segundo, que perfectamente podemos apreciar la música de un compositor en específico pero que no por eso debemos evitar de mirar aquellos lados oscuros que se revelan cada cierto tiempo. Debemos ser conscientes como personas, y sobre todo capaces de pensar y ejercer juicios autónomos en torno a aquello que nos genera ruido.

Música. Eso es por lo que menos ha sonado Ases Falsos este último tiempo, a pesar de que hayan sacado dos discos simultáneamente el mes pasado. En teoría, uno más suave y limpio, otro más duro y sucio, “Tacto” y “Chocadito“, respectivamente. Estos mellizos tienden a poseer ciertos aspectos que a veces los hacen parecer verdaderos siameses. Como sea, hoy nos enfocaremos en aquel que, me parece, ha recibido menos atención por su caparazón estridente y esencialmente disperso, a ratos fragmentado y también bizarro -ejerciendo las acepciones en inglés y español simultáneamente-, pero que nos entrega algo no menor.

Tal como lo dije en el párrafo anterior, “disperso” me parece el mejor adjetivo para esta placa. Por más que la misma banda nos quiera vender a Chocadito como el duro de la película, como ese rockero desordenado de varias décadas atrás que a nada le teme, o que los seguidores de la banda quieran verlo como el sucesor de “El hombre puede“, observo a esas posturas como muy reduccionistas. Mediante esa facilista definición, no se hace más que omitir muchos detalles bastante poderosos en la constitución de este disco, pues tienden a enfocarse en una única parte de él.

Aunque encontramos un sonido común de banda en vivo, con una batería robusta y casi uniforme en su sonido durante los casi cuarenta y cinco minutos que dura este álbum, un tema como “Vivir es bailar” nos hace dudar violentamente de la prevalencia conceptual de la guitarra distorsionada. Y mientras más nos adentramos en el disco, más cuestionamientos acaecen en nuestro ser. Delicadas baladas como “Pienso en ti” y “TV“, sumadas a las íntimas e incómodas “Colombiana” y “Mi vibra negra” conforman una parte sustancial de la columna vertebral de Chocadito.

Líricamente hablando, presenciamos un espectáculo también alejado del espíritu rabioso o desentendido que podríamos imaginar cuando nos hablan sobre este álbum. La mayoría de canciones apuntan hacia reflexiones bastante íntimas acerca del mundo y la relación del compositor con él y con quienes lo componen. Teniendo dramatismo, sinceridad, oscuridad e inclusive ironía, cada letra se adentra en su propio mundo, el cual suele ser muy directo, comúnmente alejado de metáforas, salvo en “Y los pájaros comerán de tu carne“, el coro de “Vivir es bailar” y la notable “Camina“.

A pesar de que cada canción cumple con su cometido y podríamos decir que no encontramos absolutamente ningún ripio en todo el álbum, hay veces en que siento que faltó la chaucha pal peso. Quizá no exista una correlación directa, pero me parece que el que no haya ninguna canción que supere los cinco minutos de duración dice muchísimo al respecto. Quedé con la impresión de que se podría haber dado más en temas tan efímeros como “TV” y “Pienso en ti“; que se podría haber desarrollado mucho mejor el desenlace de “Colombiana“; que “Mi vibra negra” podría haber sido mejor tratada.

De todas formas, creo que el sonido de todo este trabajo es muy preciso. Instrumentalmente hablando, cada cosa suena cuando tiene que sonar y con su dosis justa de efectos. El desempeño de cada miembro de la banda es sobresaliente en casi todo momento, ya sea construyendo momentos distorsionadamente guitarreados, otros más sintéticos y algunos casi acústicos, aunque comúnmente con poca aparición de teclados. Se destacan enormemente los aportes rítmicos ya sostenidos en el tiempo por parte de Keko Sanhueza y la inclusión de un acordeón a cargo de Romina Concha, sumándose a la flauta traversa de Antonio Caballero (¿y dónde está Hermes Villalobos?).

Uno de los puntos más bajos del álbum tiene que ver con la producción, mas no la que se remite a los instrumentos, la cual me parece muy bien lograda, sino aquella referente a la definición vocal. A lo largo del álbum, existen numerosos momentos en que lo pronunciado por Briceño se disemina entre el resto de sonoridades, lo cual dificulta intensamente el entendimiento de las letras. Por mi parte, tuve que leer ciertas letras para poder captarlas del todo, pues de otra manera se hubiese hecho imposible. Donde creo que más se manifiesta este desacierto es en “Vivir es bailar” y en momentos de “Colombiana“, situación bastante desilusionante.

Ciertamente, este disco no presenta algo así como una “evolución” de lo logrado con Mala Fama. Pero no hay de que alarmarse: Ases Falsos suele cambiar de sonidos y fórmulas entre un disco y otro. Además, que no se vea continuidad con su placa anterior no quiere decir que necesariamente sea malo, y de hecho este sendero blanquecino se encuadra como un acierto más de esta banda nacional. Quizá faltaron canciones descomunales, de esas que abundan en su elepé anterior, pero es cierto que Chocadito nos dejó varias canciones que serán cantadas a todo volumen cuando podamos volver a las tocatas presenciales.

Canciones como “Todo chocado“; la poseedora de guiños a “And your bird can sing“, “Y los pájaros comerán de tu carne“; “Los demás“, que junto a “Puedes contar siempre con ello“, podrían ser las primeras canciones de Ases Falsos que están ejecutadas en un ritmo de 6/8; y la bella y siniestra “Colombiana“, son algunos de los tracks que hacen que este álbum sea un imprescindible de este 2020, y que demuestran que esta bullada banda todavía no está agotada.

En definitiva, Chocadito se encumbra como una nueva plataforma exitosa de Ases Falsos, dominada por un organismo bastante misceláneo y, como su nombre lo dice, chocadito. Quizá pensábamos que las letras más políticamente punzantes las encontraríamos acá debido al rabioso eslogan que se le ha instalado a esta producción, pero ciertamente aquello lo encontramos más en “Tacto“. Por lo mismo es que considero que estos dos discos son un siamés: comparten cosas del otro, se traspasan características e incluso podrían no entenderse si no se escucha a su otra sector. Pero bueno, ya veremos qué dirá nuestro amigo Nicolás Olivares al momento de reseñar a ese otro ser dado a luz el 9 de octubre pasado, quizá tenga discrepancias conmigo. Yo me quedo todo chocado.

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