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Críticas Pichintún

Pichintún #6: Aparato Raro – Homónimo (1985) – Crítica Musical

Por: NICOLÁS OLIVARES

Es raro hablar de discos cuya importancia radica en el contexto en el que estos fueron lanzados más que en el aspecto estrictamente musical, sin embargo, en Chile estos casos abundan. La música de nuestro país está siempre dotada de una singularidad muy característica, ya que muchas corrientes -populares y alternativas- logran prosperar a pesar de que estamos en un país alejado de todo, encerrados entre costa y cordillera, y con una identidad incierta que de a poco hemos tratado de dibujar, dilucidar y rectificar. En los años ’80 esta situación era incluso más acentuada que ahora, ya que el muy manoseado, pero real y definitorio “factor dictadura” moldeó la industria del entretenimiento para convertirla en un elemento que estaba totalmente al servicio de este régimen asesino, por lo que la proliferación de contraculturas fuera del oficialismo simplón y <<miliquesco>> estaba fuera de toda regla.

El caso es que Aparato Raro fue una banda de synthpop en Chile cuando las probabilidades de que un proyecto así surgiera eran mínimas. Nacen de la fructífera camada de bandas compuestas por estudiantes de la Facultad de Artes de la U. de Chile, y gracias a ese círculo lanzan este disco bajo el alero de Fusión. En el aspecto musical siempre han sido comparados a Devo, y claramente es una influencia, a pesar de la producción rudimentaria del disco a nivel de grabación, es interesante lo logrado con las guitarras influenciadas por el new wave, y los sintetizadores a cargo del vocalista Igor Rodríguez, y del célebre Rodrigo Aboitiz (La Ley, Saiko, Plugin).

Las letras no son específicamente destacables, pero hay ciertos pasajes interesantes, como la del hitazo de la época “Calibraciones”, que destaca claramente frente al resto a pesar de ser una versión censurada y mucho más rudimentaria que las varias otras que se grabaron de forma posterior. Aparato Raro en sus versos habla de una juventud que estaba cansada del hermetismo de la Dictadura Militar, pero que no tenía interés en abanderizarse ni por rojos ni por rayados, una generación que no se veía representada con nadie. El resto de los temas son aceptables, hay canciones ambiciosas como “El tren” o “Dulce decepción” que pudieron haber sido piezas importantísimas si hubiesen contado con una mejor producción, pero aún siguen siendo grandes canciones. Esta aproximación chilensis al pop de sintetizadores no es brillante, más sí un disco correcto y entretenido, ampliando la variedad sonora de la escena nacional y llevando sonidos modernos y de vanguardia al alicaído mainstream criollo.

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