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Caer hacia la eternidad: Herbario – Después de las palabras (2020) – Crítica Musical

Por: VICENTE COLLAO

El indie en Chile es complicado. Si se pone la debida atención, muchos proyectos van y vienen, cayéndose en las más grandes estupideces. Ya en el pasado se escribió una reseña de (otra vez) un grupo prodigio de la escena, El cómodo silencio de los que hablan poco. O como se resume, ECSDLQHP, porque nadie diría ese nombre sin tener un poco de repelús. Como peatones en los escaparates de un mall, uno vitrinea para observar ropa, ropa, ropa… Todo llega a resonar en lo mismo. Nombres ridículos, lírica zoquete, composiciones apagadas pero acogedoras.

¿Por qué tenemos que contar con Herbario para olvidarnos un poco del meme que es la nueva música rock chilena? Pues no creo que se logre remover ese estigma pero sí, quizá, llevarlo por un mejor camino. Herbario es el proyecto de Ricardo Valdés, que hizo un poquito de luz el año 2017 con un demo de indie pop de baja definición con mucha Julia Holter en la vena, además de la marca de agua chilena estilo Protistas y, hasta cierto punto, Niños del Cerro. Como un tragaluz en medio del pasillo, rebosa intimidad en su composición de guitarras danzantes, con una tonalidad muy colorida y abrasadora.

Mucho de este proyecto dio paso a la confección de lo que es hoy su primer álbum, Después de las palabras. Ricardo ha tenido tiempo de reensamblar sus ideas, experimentar con nuevas fuentes y exprimir su lado creativo para llenar de más vida su tierno pero cansino demo. El viaje heroico de un punto a otro es notable, y no se ha quedado en lo poco para demostrar la fuerza que le queda al indie post-punketa. Y hay que decir que algo de gusto le queda al subgénero. Después de las palabras no gasta tiempo y de inmediato nos trata de entramar a su letargo melodioso.

Inmediatamente sentiremos una calidez hogareña, reforzada por esta especie de ballet entre guitarras consonantes y un bajo bastante audible. Lo que más llama la atención -vaya primera impresión-, es el uso de elementos electrónicos como frecuencias burbujeantes, sintetizadores profundos y analgésicos, percusiones saltarinas. De buenas a primeras, es un álbum lleno de texturas, donde cada vez que se le da una oportunidad, se encuentran nuevas coloraciones y estelas sonoras. Sólo tomando este párrafo notarán la preocupación que ha habido en labores de producción por poner en papel una sensación de hambre continua en el oyente melómano. Herbario quiere apuntar a algo más expansivo, sonar ambicioso pero familiar. Así, tanto Nubes, Resonancias, Espirales, Espejos/Reflejos y Movimientos cubren con creces las emocionalidades esperadas de un disco del género y más, agregando para nosotros eso que nos haga volver más de una vez.

Los momentos de distensión no son numerosos, pero parecen efectivos si se compara la actitud pomposa de los demás apartados. Gotas de Cristal es un juguetón monólogo de teclado campanil que lentamente es acompañado de un suave drumbeat estilo minimalista y el cantar de pájaros arcoíris. Sin embargo, es en el tema homónimo del álbum donde realmente encontramos el paisaje cúlmine de estos treinta y cinco minutos de duración. Lo que pareciera la tonada más pausada del repertorio tiene una transición espectacular, transmitiendo de la nada una andanada de violines con cuasi-xilófonos que cierran el viaje lentamente a una orquesta atlántica, extrañamente oceánica. Le hace competencia a los segundos más emotivos de Arcade Fire en su primer álbum.

Sin embargo (y esta es la execrable noción del corazón crítico), en esta vida no se miden las cosas en su pequeñez sino en su conjunto. Se echa de menos un poco más de variabilidad a la hora de analizar las composiciones. Hay que ser francos en dirigirse a Valdés y señalarle que, a pesar de sus buenas ideas, aún en treinta y cinco minutos se siente que sus canciones son algo similares entre sí. Cuando nombré los cuatro temas anteriormente, no lo hice con el único motivo de celebrar, sino apuntar la calidad de clon de un sencillo del otro. Por supuesto, esto para algunos significaría el establecer un sonido propio, una marca de la casa en el primer intento. Yo lo he visto más bien de encariñarse demasiado con la misma inventiva.

El cómo se usa esas texturas tampoco resulta muy distinto, aunque separo con toda moción el homónimo, por supuesto. Y es que, cuando aprecias con tanto pasmo lo que Valdés consiguió con Después de las palabras (canción), las demás sonatas se reducen a “ese tema, pero menos impresionante”. La lírica no es una panacea, aunque sí son más intricadas que la típica merma de metáforas incrédulas. Salvo: “Y es el vértigo de las hojas caer hacia la eternidad, son apariencias que al final en tu recuerdo difuminarán”. Todo tiene este aire sufrido, confuso, de caminos de ensueño que parecían prometedores, pero han desaparecido. El desamor, que contrasta con la seña optimista de los arpegios, aclamada por la voz de Ricardo.

La voz. Esto es lo menos interesante de este álbum. No es que sea una voz deficiente o indecorosa, claro que no. Es un soplido encandilado, transmitiendo esa calma característica de varias pretensiones del indie pop chileno, y no sé qué tanto me convence. Es bastante servicial si se considera este vozarrón como parte de la instrumentación, y es lo suficientemente eficaz. Me hubiera gustado un uso más dinámico de ella, que esa vehemencia no se hubiera quedado en la producción o en la intensa constitución de las cuerdas. Sólo bajo esta vara odiosa, pero con las ansias de conseguir la vanagloriada perfección, es que escurre ese gusto a poco.

Estoy algo emocionado. Personalmente, he visto el indie como un género profundamente dañado en el ambiente nacional. ¡Y con toda razón! Es como si todos los artistas locales se hubieran puesto de acuerdo para volverse una parodia de ellos mismos. Herbario me convence un poco más. Necesitábamos un poco más de tiempo para encontrar un nuevo enfoque, sin abandonar las bases de nuestro sonido. Cuando el álbum sienta bien, es espeluznante. Con los ojos bien puestos, se podría volver el favorito de muchas personas. No de su servidor, lamentablemente. Pero sí es verdad que Ricardo ha construido el cimiento para algo hermoso. Ya tiene las cualidades para erigir un clásico moderno. Es hora de aventurarse más y ponerlas a prueba.

7/10

7

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