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Uno tras otro: Nicolas Jaar – Cenizas (2020) – Crítica Musical

Por: VICENTE COLLAO

El microhouse, y no adjunto sus exponentes más atrevidos, es un subgénero inseguro cuando se arraiga a sus cimientos. Incluso trabajos destacados por los más obsesos, como Textar de Farben o My Way de Akufen limitan sus propias dimensiones por tratar de no desbordar de su copa. Son trabajos consistentes pero redundantes, en que la capacidad de absorción de sus ritmos debe ser tal para no adormecer al oyente.

Justamente, Nicolas Jaar representa el lado más extendido del microhouse, con un catálogo sonoro que entereza las sensaciones de melancolía o añoranza y bailando con la música ambiental, manteniendo (y acentuando con gracia) el garbo minimalista de su clase. Consolidó su estilo con el reconocido Space Is Only Noise, que reboza de cinematografía en su construcción, aún si me parece poco compacto; sus esfuerzos culminan en Sirens, aunque se olvida siempre a la compilación Nymphs, que es donde realmente Nicolas muestra su versatilidad, consiguiendo que tres trabajos distintos fluyan sin dificultad alguna.

 

Entonces, ¿qué es lo que nos ofrece Cenizas? Pues un apretón de tuercas hacia el sentido del reloj, y aun así sigue presionando. El álbum corre el telón con un impacto lastimoso con el continuo zumbar de brasas y tubos en Vanish.  “Say you’re coming back” son las primeras palabras que repercutan, casi angelicalmente. Este conjunto, apaciguador y abrumante, marca los pequeños pasos de un trabajo que aleja los términos del microhouse con nula sutileza.

Cenizas logra confeccionar una realidad burbuja, una construcción de mundos ensimismados dentro de un cascarón que dura poco más de 50 minutos de duración. Los pasajes pop o que gatillaban seguir la cadencia de tiro de los drumbeats en Space Is Only Noise casi han desaparecido, desplazados por tambores y resonancias más étnicas, que dan un toque tribal y envolvente (increíblemente, aún más atrapante que Nymphs). Pareciera como si Jaar hubiera visitado una cultura dentro de su cabeza, que ha aprendido de los inquilinos que conviven allí y nos quiere invitar a invadir nuevos espacios.

Ante esta percusión se superponen soplidos melodiosos, chillidos reverberados y cánticos, continuos y que decoran los fondos musicales tal fueran salmos. En secciones como Sunder o Agosto se pueden percibir vibraciones obtenidas del drone, incesantes y, en ocasiones, parecen tenues murallas. Incluso un toque de Tim Hecker se puede obtener al minar las pulsaciones industriales de Menysid, o se pueden imaginar pastosos claros verdes azotados por un auge de desolación, específicamente Xerox, que evoluciona a un enfrentamiento entre frecuencias y conexiones robóticas.

Generalmente se le ve a Nicolas contenido en las zonas que ha dibujado en anteriores proyectos, pero esta vez se ha cerciorado de mostrarse demencial y atrevido. Hay una influencia tenue de jazz más abstracto en estos paisajes, denotado por la alta presencia de saxos y similares, aunque ahogados en penumbras de sonidos. No siempre es un acierto en lo que se propone, lamentablemente. Ante la genialidad de ideas como la caja de música oscura y fuera de sí que explaya Gocce, por ejemplo, sufre de sonar como una jugarreta de cuánto más se puede tocar esa pianola hasta que termine sus cuatro minutos de duración. Lo que en un principio se muestra como un interesante trazo, se torna un tanto cansador, y puede llegar a pasar más de una vez.

De todas formas, este disco no se rebaja a las expectativas de los fans de Jaar. Es un avance natural en la manera de hacer su música, abandonando las restricciones conceptuales del subgénero en el que habita y despojándose ala por ala de lo que le permitió crecer, hasta desecharlas y volverse algo distinto. Eso sí, sin el olvido de sus arquetipos propios. Casualmente Faith Made of Silk es un cierre más que ortodoxo, bastante más humano y repleto, una opción acertada para cerrar un capítulo de negrura (o niebla).

Cenizas es difícil de digerir si se llega con la disposición a pasar un buen rato. Está pintado de tonos trágicos, hordas caminantes al son de una batalla perdida y, a veces, se siente el caminar de otros sobre ti dentro de su propia dimensión. Es un experimento reflexivo, que respira en su soledad, y es ahí donde quizá toque en la casa equivocada. En una crisis humanitaria como la de hoy, tiene la infamia de presentar una postura irónica: es un álbum perfecto para los melosos y auto flagelantes más silenciosos, pero no es recomendable para quienes se sienten solos o aislados, que para mala suerte nos encontramos (casi) todos en un contexto así.

Que no se les ocurra pegarse a una melodía y repetirla, sino sumérjanse en los yermos grises y plomosos en su estado más integro. No siempre podemos presenciar a un artista erigir un cosmos. Hay recompensas y texturas para quienes aman levantar y mover los oídos en búsqueda de tesoros, pero será un camino tortuoso para los menos pacientes. No es una película tampoco: los aspectos coherentes en narrativa acústica como Space Is Only Noise no parecen presentes. Este es un destilado directo de sus últimos esfuerzos, que premia a los amantes del ambient sin ser extravagante o estrafalario, pero sorprenderá a los inocentes que pellizquen las esquinas de Cenizas, a ver si encuentran un hit de ocho minutos.  9 de 10.

9

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