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Poderosa nostalgia: Diego S. – Roto (2020) – Crítica Musical

Por: JOAQUÍN TORRES

El mes de febrero de 2019 daba su último suspiro en la noche de aquel jueves 28, y yo me disponía a escuchar a Cristóbal Briceño, quien desarrollaba una nueva tocata en el ya clásico bar El Clan. En eso, sube al escenario un joven delgado, alto, con un particular vello facial, y cantó algunas canciones de su autoría, casi todas muy lentas y, sobre todo, nostálgicas y tristes. A pesar de la poca o nula atención que algunos le prestaron (muchos hablaban o hacían cualquier cosa) yo me dediqué a escucharlo detenidamente, y me pareció que tenía buenas canciones e ideas musicales. Más tarde, cuando llegó el inicio de la tocata de Cristóbal, él nos explicaría un poco acerca de aquella persona, y qué es lo que se venía.

Diego Soto es un joven cantautor que conoció a Briceño en el primer semestre de 2018, durante la grabación del video de la canción “Mala fama” (Ases Falsos, 2018). Tiempo después, él le enviaría demos de sus temas al cantante de Ases Falsos a través de su página de Facebook, quien las recibió con gusto (cosa que, según sus palabras, no suele suceder mucho), por lo que decidió acercarse a él para ayudarlo con sus canciones. Posteriormente, le presentó a Hugo San Juan, colaborador de Cristóbal en asuntos de grabación y producción musical desde el año 2013, además de ser el bajista de Las Chaquetas Amarillas y participar de otros proyectos musicales. A partir de eso se gestó el disco que procederemos a reseñar.

“Roto” es un álbum de tan solo veinticinco minutos de duración, lanzado por Manquimávida (propiedad de Leonardo Osorio, mánager de Ases Falsos). Posee nueve tracks y fue producido por Hugo San Juan, comenzando el proceso de grabación y producción a inicios de 2019, para finalmente lanzarlo el 14 de febrero de 2020 con no mucha promoción y sin generar mucho revuelo.

El disco inicia con los dos cortes de difusión; “Sentencia de muerte” y “Macul”. La primera canción tiene tintes de música indie en su guitarra eléctrica, con mucho reverb y chorus, ejecutando líneas melódicas simples pero precisas que suscitan una atmósfera nostálgica cargada más a la tristeza y a la añoranza más que a una nostalgia alegre. Igualmente, la base rítmica juega un rol preponderante y nítido, y le da un toque muy baladesco, digno de su letra, que a cualquiera podría identificar justo en el quiebre de una relación amorosa, o incluso podría ser aplicable a cualquier tipo de relación en que se existió un vínculo y el quiebre es hondo y permanente.

En “Macul” la base rítmica pasa a ser hecha a través de una máquina de ritmos muy ochentera y luego convive con el sonido de una batería real, desaparece la guitarra eléctrica del primer plano para mostrar la brillantez acústica de Diego. El sintetizador que suena luego de la segunda vez que Soto advierte <> es fenomenal, me recuerda al solo de “Amada” de Álvaro Henríquez, ambos produciéndome la misma ternura. Algo que me genera curiosidad es el juego de las letras de estos dos primeros temas; en la primera se nos dice “fue una sentencia de muerte ya no verte”, y en la segunda nuestro cantautor le pide a su comuna “por favor no me hagas verla otra vez”. Un deseo de mantener la relación con esa persona que tanto quieres, pero sabes que ya no se puede, y el miedo de encontrártela caminando en cualquier parte es potente.

“Noticias” tiene un aire a “Tonta” de Jeanette. De cualquier manera, el disco se suaviza un poco en este track, dejando de lado los arreglos y acompañamientos rítmicos y melódicos que se nos presentaron en las dos primeras canciones para exhibir únicamente a la voz de Diego junto a su guitarra acústica y unos pequeños arreglos intermitentes de la misma. Aquí Diego muestra su cara más pesimista, incluso más que en las canciones anteriores, de forma totalmente explícita y mostrándose como alguien calculador, temeroso e inseguro al pensar muchísimas veces las cosas y “juntar las pistas”, algo que a todos nos ha pasado en su momento cuando las sospechas se hacen presentes. Como dato curioso, la primera vez que la escuché pensé que en vez de decir “pesimista” diría “periodista”. Igual calza con el tema.

Continuamos con el que es, a mi juicio, el mejor tema del disco. “Vivir”, una canción que tiene pasajes que cualquier banda de pop punk quisiera tener en su guitarra eléctrica distorsionada, sin embargo Diego los ejecuta con una gran sutileza en su guitarra acústica, contándonos una historia de la misma línea de “Sentencia de muerte”, pero con un tinte más narrativo y metafórico, siendo a la vez muy directa en su mensaje. El coro se nota muy bien trabajado, con arreglos preciosos y distinguiéndose por sobre el resto del tema. Esta canción me hace reflexionar sobre la cantidad de tiempo en que posiblemente deberé habitar este planeta y me recuerda a mi yo más chiquilín que deseaba vivir por más de cien años. En qué estaba pensando.

Ahora, el disco sigue con dos tracks lentos, el primero, “Cadencia” me recuerda al disco “Deja un rato piola” de Cristóbal Briceño, tiene mucho esa onda de acordes arpegiados y voz sofocante, dulce y casi susurrada. La letra, muy descriptiva (al menos en la primera parte del tema), alejada de la emocionalidad y narración de las canciones anteriores, es casi una oda a la monotonía y una subyugación a ella. La segunda canción, “Un secreto que todos conocen”, igualmente me recuerda a la primera placa en solitario de Briceño, esta vez con un ritmo más bossa nova. La letra me pega fuerte, y creo que a todos los que somos más bien… ¿tímidos? nos hace mucho sentido: hay algo que todos saben hacer para desenvolverse, menos uno. El piano que suena en la parte final de la canción es bello y otorga una especie de solemnidad al cierre del tema.

Entramos a la sección de covers. “Vienes y te vas” es una balada preciosa, solemne, original del cantautor peruano William Luna. Tiene un toque muy andino y latinoamericano, sobre todo porque se encuentra compuesta en ritmo de 6/8, lo que te invita a pararte y bailar inmediatamente. Sin embargo, su letra en conjunto con su atmósfera triste y su progresión majestuosa de acordes, te dejan pensando en la indecisión, al igual que en el juego que tienden a hacer algunas personas con el resto de la humanidad. La versión de Diego S. le da una pincelada más actual al usar elementos rítmicos digitales, una guitarra eléctrica al estilo de “Sentencia de muerte” (mas no tan exageradamente) y un sintetizador que aparece de vez en cuando. Tristemente, el cover de “Acabaré llorando”, original de Jeanette, no alcanza a tener el grandioso nivel del anterior. Se entiende que quiso darle su estilo más bajo perfil, sólo con la voz y la guitarra, entregándole un tinte mucho más íntimo que la original, y si bien pienso que ese objetivo se logró, no logra conmoverme como debería ni termina por convencerme. De todas maneras, se valora mucho el intento y se agradece tan bonita canción.

Cerramos este debut de Diego S. con “Malas ideas”, un tema demasiado triste que funciona enteramente como una analogía a la vida de una persona que todavía busca su emplazamiento y pasa entre medio del resto, causándoles molestia, cuidándose de otros que lo buscan. Esta canción es enteramente íntima y personal, un descargo de esa molestia que se siente en el pecho cuando sientes que las cosas no te están saliendo bien y eres un estorbo para el resto. Melancólico cierre del disco.

“Roto” de Diego S. es un disco que está predominantemente marcado por conceptos como la nostalgia y melancolía, un pasado que todavía revolotea en tu cabecita y en todo tu cuerpo, incertidumbre e indecisión respecto de lo que pudiese venir en la vida de uno, y finalmente tristeza por no saber qué está pasando y ser incapaz de mantener ciertas cosas en pie. Parece un manifiesto de una persona notablemente perturbada en su emocionalidad, que busca descargarse completamente en la música. Sin embargo, esta perturbación no es algo furioso ni destructivo, sino más bien retrospectivo y suavemente emocional.

Es destacable la producción que posee este disco. Tiene un sonido demasiado fresco y bien logrado en todos sus aspectos, notándose la dedicación dada al mismo, sobre todo en las percusiones. Empero, esto puede resultar un arma de doble filo, puesto que la producción de este disco inició más o menos en el segundo trimestre de 2019, es decir, estuvo casi un año gestándose en el estudio, por lo que se le podría haber exigido más en temas como “Cadencia”, “Acabaré llorando” y “Malas ideas” que si bien no son malos temas, requerían de un mejor cuidado y tratamiento para alcanzar un mejor resultado. Igualmente, el tiempo de producción fue bastante extenso como para incluir sólo siete temas propios, esperaba escuchar más material propio de Diego S.

En conclusión, el disco es totalmente recomendable y disfrutable de principio a fin, sin llegar a ser brillante y teniendo momentos que quizá algunos podrían tildar de aburridos, pero que siempre repuntan y terminan dejándote una buena impresión luego de los veinticinco minutos que dura esta placa. Espero con ansias más material de Diego S., creo que posee un gran potencial en cuanto a líricas y composiciones, debe pulir un poco más las ideas de producción (y por qué no, seguir acompañándose del gran Hugo San Juan) para lograr material aún más satisfactorio.

7/10

7

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